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Solo Relatos Eroticos
22 сент., 14:00
Azotea de MediodíaAzotea de Mediodía La oficina aún olía a serrín y pintura fresca cuando Clara subió por la escalera metálica. El ascensor principal estaba fuera de servicio y el edificio entero parecía respirar a cámara lenta: su primer encargo en solitario como jefa de obra, cinco plantas vacías y una tormenta de verano que aún no llegaba. Se arremangó la camisa blanca, se ató el pelo con una goma que llevaba en la muñeca y abrió la puerta que daba a la azotea. El calor la golpeó como un muro. El suelo de grava crujía bajo sus botines y el viento llevaba ráfagas de alquitrán de la calle. Estaba comprobando la salida de humos cuando oyó pasos detrás. —Perdón —dijo una voz grave—. Pensé que ya se habían ido todos. Clara se giró. El hombre que subía los últimos peldaños llevaba mono azul desabrochado hasta la cintura y una linterna en el cinturón. Los músculos de los antebrazosSolo Relatos EroticosAzotea de Mediodía | Solo Relatos EroticosEn un edificio vacío al atardecer, una arquitecta y el electricista de guardia cruzan la frontera entre el deber y el deseo.
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22 сент., 06:00
El carpintero de la entreplantaEl carpintero de la entreplanta El estudio olía a serrín y masilla fresca cuando Pablo abrió la puerta. El arquitecto le había avisado: la entreplanta aún no estaba lista, pero el carpintero que estaba instalando las estanterías podía seguir trabajando sin molestar. Pablo dejó la mochila junto al trípode y empezó a desenrollar los fondos de papel. Arriba, el golpeteo seco de clavos y la sierra se interrumpieron unos segundos. Después volvieron, más acompasados. Subió sin zapatos, solo por curiosidad. En la entreplanta, un hombre de espalda ancha bajaba una tabla. El sudor le brillaba en la nuca. Llevaba camiseta gris y pantalones de trabajo que le marcaban la cintura con un cinturón de cuero oscuro. —¿Necesitas algo? —preguntó el carpintero sin girarse del todo. —Quiero ver cómo queda la luz desde aquí —respondió Pablo, aunque lo que quería ver era laSolo Relatos EroticosEl carpintero de la entreplanta | Solo Relatos EroticosDurante la reforma de su nuevo estudio, un fotógrafo nota cómo el carpintero que trabaja en el piso superior comienza a observar cada uno de sus movimient…
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21 сент., 21:00
La casa de cristal junto al lagoLa casa de cristal junto al lago El lago se veía quieto aquella tarde de finales de primavera, reflejando la fachada entera de cristal de la casa que Lucía había alquilado para el fin de semana. Nadie más la utilizaba; a cambio de discreción, les habían dejado las llaves y la promesa de total privacidad. Cuando aparcaron, el sol ya comenzaba a bajar. Entre ellos se miraron un momento largo, sin prisas. Habían hablado semanas atrás, en la terraza de la casa de Clara y Nico, hasta que quedaron claros los términos: todos deseaban probar, todos podían parar en cualquier momento, nadie tenía que hacer nada que no quisiera. Diego bajó el maletero y pasó la primera bolsa a Irene. Irene, ya descalza sobre la hierba, sonrió. Llevaba el pelo suelto y el vestido ligero con el que solía trabajar en su estudio de cerámica. Lucía y Nico se acercaron cargados con laSolo Relatos EroticosLa casa de cristal junto al lago | Solo Relatos EroticosCuatro amigos reafirman su confianza antes de cruzar juntos la línea de la amistad en una casa rodeada de agua.
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21 сент., 14:00
La habitación del sándaloLa habitación del sándalo Elena abrió la puerta de la casa de huéspedes y respiró el olor a sándalo. No era un hotel, ni un club, ni un piso cualquiera: la propiedad pertenecía a una vieja amiga que prestaba la planta superior a parejas que querían intimidad sin prisas. Dos habitaciones comunicadas, una cama ancha, dos butacas de terciopelo verde, una mesa baja y una ventana que daba al patio interior. Ni un cartel, ni una advertencia: solo un cuaderno donde escribían las parejas que ya habían pasado por allí. Pedro dejó la bolsa en el suelo y cerró la puerta con llave. Se miraron con una mezcla de emoción y nerviosismo. Habían hablado durante semanas, incluso antes de llegar. Elena había escrito una lista de límites y un código de tres palabras: “mango”, “piña” y “ciruela”. La primera significaba “baja el ritmo”, la segunda “cambio de postura” y la terceraSolo Relatos EroticosLa habitación del sándalo | Solo Relatos EroticosUna diseñadora de moda y su pareja exploran, por primera vez, un juego de dominio suave en una casa de huéspedes con normas claras y una sesión consensuad…
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21 сент., 06:01
El alto jardín del último veranoEl alto jardín del último verano La terraza de la última planta olía a tomillo seco y a cemento que todavía conservaba el calor del día. Sofía acababa de subir el último cajón de macetas. Las manos manchadas de tierra, el pantalón de lino arrugado contra los muslos, el cabello recogido con prisa. Diego la esperaba recostado en la barandilla, dos copas y una botella de vino blanco sin abrir a su lado. —Pensé que ya no vendrías —dijo él. —Dije que vendría —respondió ella, secándose las palmas en la tela del pantalón—. Solo que me quedé hablando con las plantas. Diego sonrió. En los últimos meses habían empezado a sonar frases como esa entre los dos, como llaves que buscaban cerraduras. Se conocían desde el primer año de universidad, pero esta azotea era nueva. Él la había heredado con el piso de su tía. Era el único lugar de la ciudad donde el cieloSolo Relatos EroticosEl alto jardín del último verano | Solo Relatos EroticosDos amigos de toda la vida se encuentran en una azotea vacía de Madrid al caer la tarde y descubren que lo que siempre callaron ya no quiere seguir espera…
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20 сент., 21:00
El abrazo del desvánEl abrazo del desván El desván de la casa de verano siempre había sido el lugar más olvidado de la finca. Polvo, cajas antiguas y la luz tamizada por la buhardilla daban un aire de intimidad que Javier no esperaba encontrar aquel sábado por la tarde. Bajo la luz dorada que se filtraba entre las vigas, Daniel se inclinaba sobre un baúl de madera, revisando papeles con meticulosidad. La camiseta de tirantes se le pegaba a la espalda por el calor, marcando los contornos de sus hombros anchos. —Nunca creí que alguien guardara tanto en un sitio tan estrecho —comentó Daniel, volviéndose con una media sonrisa. Javier se acercó, dejando las manos sueltas a los lados. El roce de sus brazos al pasar fue deliberado. El olor a madera vieja y sudor limpio se mezclaba en el aire denso. —Hay cosas que guardamos por si algún día las necesitamos —contestó Javier, apoyando una manoSolo Relatos EroticosEl abrazo del desván | Solo Relatos EroticosUn encuentro entre dos adultos que descubren una atracción inesperada mientras guardan reliquias en el desván de una casa familiar.
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20 сент., 14:00
La suite del veintiséisLa suite del veintiséis El portero automático emitía un zumbido seco cuando Lucía cruzó el vestíbulo. Apenas las once de la noche de un martes y el hotel parecía haber apagado su propio pulso. Lucía llevaba el maletín de planos en una mano y, en la otra, la llave magnética que le habían dejado en recepción. El encargo era sencillo: revisar el estado de las instalaciones para el informe trimestral de mantenimiento. Sin embargo, la quietud del lugar la hizo detenerse un instante frente al ascensor. Esa misma tarde había discutido con su marido por teléfono. Apenas recordaba la causa, solo el tono cortante con el que él colgaba. Ahora, sola en un pasillo de luces tenues, sentía una mezcla de alivio y algo más denso. El ascensor se abrió sin ruido. Lucía entró, pulsó el piso dieciséis y observó cómo el número cambiaba en el display. Cuando las puertas se abrieron,Solo Relatos EroticosLa suite del veintiséis | Solo Relatos EroticosUna arquitecta casada y un supervisor nocturno se cruzan en un hotel vacio y transforman un encuentro profesional en un secreto que ninguno quiere confesa…
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20 сент., 06:00
El encargo que despertó el deseoEl encargo que despertó el deseo Lucía y Marcos se conocieron en la Facultad de Bellas Artes hace siete años y desde entonces comparten piso, proyectos y una complicidad que cada día parece crecer. Lucía trabaja como ilustradora freelance; Marcos dirige un pequeño taller que alquila caballetes y espacio para retratos. Ambos cumplen treinta y uno y, cuando hablan de sexo, lo hacen con la misma naturalidad con la que eligen la música que suena mientras pintan. Hace tres semanas recibieron un encargo peculiar: un coleccionista les pidió un tríptico inspirado en el cuerpo humano en diferentes grados de cercanía. La condición era que la pieza incluyera tres miradas: masculina, femenina y mixta. Después de cenar y abrir una botella de garnacha, Lucía fue la primera en verbalizar lo evidente. —¿Y si pedimos a alguien que pose para nosotros? Alguien que sientaSolo Relatos EroticosEl encargo que despertó el deseo | Solo Relatos EroticosEn un taller de arte de Barcelona, una pareja explora juntos su curiosidad bisexual y consensua, sin prisas, las reglas de un encuentro que los acerca más…
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19 сент., 21:00
La urgencia que trajo la tormentaLa urgencia que trajo la tormenta La lluvia golpeaba los cristales como si quisiera entrar a la fuerza. Irene se quitó el abrigo empapado y lo dejó sobre el respaldo de una silla. El salón olía a madera vieja y a azahar de los naranjos del patio. Miguel cerró la puerta con el cerrojo; en la penumbra de la chimenea apenas encendida, ambos rieron incómodos. —No creía que la tormenta llegara tan pronto —dijo él, frotándose el pelo mojado. —Ni que quedase solo un hostal abierto en todo el pueblo —añadió ella, sacudiendo el agua de los zapatos. Las llamas crepitaron, iluminando el perfil de Miguel: mandíbula marcada, camisa oscura pegada al pecho. Irene apartó la mirada, pero la encontró reflejada en el espejo del aparador. El corte de luz había sorprendido al pueblo entero; fuera, el viento se colaba entre las tejas y aullaba. —Hay mantas en el arcónSolo Relatos EroticosLa urgencia que trajo la tormenta | Solo Relatos EroticosTras el apagón en la vieja casa de piedra, dos desconocidos descubren que el deseo puede encenderse más rápido que la electricidad.
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19 сент., 14:00
La medida que solo ella conocíaLa medida que solo ella conocía El atelier de Clara Merino no figuraba en guías ni en escaparates. Ocupaba el segundo piso de un edificio de ladrillo en Chamberí, con rejas antiguas y un portero que ya no preguntaba nombres. Se accedía por un ascensor de madera que crujía como si guardara secretos, y al llegar al rellano solo había una puerta de roble con un dintel discreto: Merino. Alta costura íntima. Con cita. Nadie entraba sin haber sido invitada dos veces. Elena Varela tenía treinta y seis años, las manos de quien firma contratos con pulso firme y la costumbre de llegar puntual hasta el minuto. Había conocido a Clara por recomendación de una amiga que hablaba de «ajustes que te devuelven el cuerpo». La primera visita fue profesional: medidas, sedas, un sujetador de tul que no pedía perdón por existir. La segunda, ya hubo miradas más largas. LaSolo Relatos EroticosLa medida que solo ella conocía | Solo Relatos EroticosEn un atelier de lencería a medida de Madrid, una costurera de prestigio y su clienta de confianza convierten una cita de ajustes en un ritual lento de do…
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19 сент., 06:01
El reflejo del rooftopEl reflejo del rooftop Marta Herrera llegó al ático del nuevo edificio de oficinas a las once y media de la noche. El ascensor se detuvo en silencio y las puertas se abrieron hacia una terraza de hormigón pulido y cristales negros que reflejaban el skyline de Barcelona. El encargo era sencillo: supervisar el acabado del mirador antes de la inauguración del lunes. Lo que no esperaba era que el espacio ya estuviera habitado por un hombre sentado frente a una pantalla. Él levantó la vista al oír sus tacones. Llevaba camisa blanca arremangada y auriculares inalámbricos; la luz azulada del portátil iluminaba su perfil. Ella reconoció el nombre que había visto en los correos de la promotora: Julián Rivas, director de la firma de iluminación. —No sabía que habría alguien más —dijo Marta, dejando la tablet sobre la barandilla de acero. —Vine a comprobar los focosSolo Relatos EroticosEl reflejo del rooftop | Solo Relatos EroticosUna arquitecta y un desconocido se encienden a través de la pantalla mientras la ciudad duerme detrás de los cristales.
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18 сент., 21:00
El mirador de la sierra después del temporalEl mirador de la sierra después del temporal La lluvia no avisó. Cayó de golpe sobre la sierra de Grazalema cuando ya habíamos dejado atrás el sendero principal y el coche quedaba a casi una hora de marcha. Nora apretó la capucha de su chaqueta y soltó una risa entre dientes, esa que siempre usaba para disimular que el plan se le había ido de las manos. Yo llevaba la mochila y el mapa empapado; ella, el termo casi vacío y la certeza de que nadie más vendría por allí hasta el día siguiente. El mirador de piedra estaba cerrado al público por obras, pero la puerta lateral del almacén de mantenimiento cedió con un empujón. Dentro olía a madera vieja, a tierra mojada y a resina. Había un colchón enrollado contra la pared, un par de mantas militares dobladas y una estufa de gas que aún funcionaba. Encendí la llama baja. La luz azulada dibujó elSolo Relatos EroticosEl mirador de la sierra después del temporal | Solo Relatos EroticosTras una excursión por la sierra andaluza, dos amantes adultos se refugian en un mirador cerrado por la lluvia. La cercanía, el deseo contenido y la confi…
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18 сент., 14:00
Velada en el taller del puertoVelada en el taller del puerto La luz ámbar del faro viejo derramaba su pulso sobre el muelle. Dentro del taller reconvertido en estudio, el aire olía a brea y a cedro recién lijado. Lena, de vuelta tras seis meses en alta mar, acababa de colocar la última botella de vino sobre la mesa de herramientas. A su lado, su compañero de cubierta, Mateo, miraba la puerta con esa calma tranquila que precede a las tormentas. —Llegará pronto —murmuró él, limpiándose las manos en un trapo aceitado. Elena, la ingeniera de faros que llevaba años compartiendo notas de mareas con ellos por radio, abrió la puerta metálica y entró descalza. Traía las mejillas salpicadas de lluvia y una sonrisa que ya era complicidad. —Disculpad el retraso; la marea ha decidido remolonear —dijo, dejando un paraguas junto al torno. Durante la cena hablaron de faros apagados y de puertosSolo Relatos EroticosVelada en el taller del puerto | Solo Relatos EroticosUna pareja de marinos y una amiga en tierra se reúnen en el taller de un antiguo faro; entre luces de señales y el sonido del oleaje, exploran juntos un d…
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18 сент., 06:00
El ritual del terciopelo negroEl ritual del terciopelo negro Lucía abrió la puerta del taller con la llave grande que todavía conservaba el calor de su bolsillo. El olor a cedro y almidón de arroz llenaba el aire, un perfume discreto que ella misma preparaba cada lunes para recibir a las clientas. Colgó su abrigo de lana en el perchero antiguo y encendió la lámpara de sobremesa, aquella que daba luz cenital sobre la larga mesa de corte. Hoy llegaba alguien distinto. A las cinco en punto llamó al timbre alguien que no conocía el código. Lucía descorrió el cerrojo y se encontró ante una mujer de mediana edad, cabello suelto color ébano que le rozaba los hombros, abrigo largo de cachemir gris y una cartera de piel suave. Se presentó como Elena Sotomayor, dueña de una pequeña tienda de telas en el barrio viejo. —Venía recomendada por la señora Amalia —dijo Elena con voz tranquila, casiSolo Relatos EroticosEl ritual del terciopelo negro | Solo Relatos EroticosUna diseñadora de lencería recibe en su taller a la dueña de una antigua tienda de tejidos, y ambas inician un delicado juego de telas y expectativas.
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17 сент., 21:00
La llave del pabellón de cartas náuticasLa llave del pabellón de cartas náuticas La lluvia de noviembre no caía: se posaba. Empapaba el cristal de la sala de lectura como si quisiera leer los mapas por dentro. Valeria Morán, treinta y seis años, restauradora de documentos, había quedado hasta tarde para devolver a su hoja original una carta de 1789 del golfo de Cádiz. El pabellón de cartas náuticas, anexo al archivo marítimo, solo abría al público hasta las ocho. Después, con llave de personal, el silencio se volvía casi físico. Adrián Soler, treinta y nueve, cartógrafo y responsable de las colecciones de costa, entró sin prisa. Llevaba el abrigo todavía húmedo y un café que ya no humeaba. Se detuvo en el umbral cuando la vio inclinada sobre la mesa de luz, el cabello castaño recogido con un lápiz, la nuca expuesta, los dedos enguantados de algodón rozando el papel con una delicadezaSolo Relatos EroticosLa llave del pabellón de cartas náuticas | Solo Relatos EroticosEn una biblioteca de mapas costeros que cierra tras la medianoche, una restauradora y un cartógrafo se reconocen en una mirada que no se aparta. El silenc…
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17 сент., 14:00
La última cata en SanlúcarLa última cata en Sanlúcar Adrián Miralles tenía cuarenta y ocho años y las manos de quien ha abierto demasiadas botas a contrarreloj. Llevaba el pelo canoso en las sienes, la barba corta a propósito y una camisa blanca arremangada hasta el codo. Había vuelto a Sanlúcar de Barrameda solo por tres días: cerrar la temporada, firmar inventarios y decidir, de una vez, si la bodega familiar seguiría en sus manos o pasaría a un fondo de Madrid que no distinguía un amontillado de un perfume barato. La nave del fondo olía a levadura vieja, a roble húmedo y a sal que se cuela por las rendijas cuando el levante sopla de verdad. Allí estaba ella. Nuria Campos, cuarenta y cinco años, maestra de almacén. Alta, hombros firmes, pelo castaño recogido con un lápiz de marcar barricas, falda de lino oscuro y botas de goma limpias. No era una figura de calendario. Era una mujerSolo Relatos EroticosLa última cata en Sanlúcar | Solo Relatos EroticosUn enólogo de cuarenta y ocho años regresa a la bodega familiar en Sanlúcar para cerrar la temporada y se reencuentra con la maestra de almacén que conoce…
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17 сент., 07:14
Buenas!! Si alguien tiene alguna idea/sugerencia de la web/relatos puede hablarle a @pipodll
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17 сент., 06:01
El umbral de humo del 814El umbral de humo del 814 El hall olía a madera encerada y a café ya frío. Eran casi las dos. Afuera, la Gran Vía seguía latiendo con sirenas lejanas y luces que no se apagaban del todo. Dentro, el ascensor del hotel subía sin prisa, como si conociera el peso de los secretos bien guardados. Irene tenía treinta y cuatro años y un anillo sencillo en la mano derecha, no de compromiso sino de costumbre. Leo, treinta y seis, llevaba la chaqueta abierta y la corbata ya suelta. Junto a ellos, con una llave propia en el bolsillo del abrigo, estaba Nuria: treinta y dos, fotógrafa de arquitectura, amiga de ambos desde hacía años y, esta noche, parte explícita del acuerdo. Nadie improvisaba. En el bar del mezzanine, media hora antes, habían repasado las reglas en voz baja, sin teatralidad. Irene quería ser mirada. Leo quería sostenerla mientras eso ocurría. Nuria queríaSolo Relatos EroticosEl umbral de humo del 814 | Solo Relatos EroticosEn un hotel de diseño del centro, tres adultos cierran un pacto discreto: mirar y ser mirados sin sorpresas. La noche se organiza alrededor de una puerta…
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16 сент., 21:00
El cordón de terciopelo en la mansión de piedraEl cordón de terciopelo en la mansión de piedra Livia Rivas contemplaba la fachada de caliza rosada desde el extremo del puente de entrada. La casa, construida en 1873 por un fabricante de sedas, tenía la costumbre de atrapar la luz crepuscular entre sus ventanales en forma de ojiva. Para ella era más que un encargo de restauración: era el lugar que ella y Hugo habían decidido usar para una única noche pactada. Habían llegado el viernes por la tarde en el viejo Volvo de Hugo. Durante el trayecto, el tráfico se había convertido en un murmullo lejano y la conversación en un intercambio pausado de frases cortas. Livia había propuesto las reglas hace dos semanas; Hugo las había ampliado y escrito a mano en un sobre que llevaba en el bolsillo interior de su chaqueta. Ninguno quería sorpresas. Habían fijado la palabra de seguridad enSolo Relatos EroticosEl cordón de terciopelo en la mansión de piedra | Solo Relatos EroticosEn una mansión aislada, una arquitecta y su pareja establecen un pacto de intimidad controlada mediante texturas y un ritual de lencería que ambos eligen…
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16 сент., 14:00
El encuentro de las cuatro copas en la azoteaEl encuentro de las cuatro copas en la azotea María y Pablo llegaron antes al ático que había alquilado su amigo arquitecto. Las llaves tintineaban entre los dedos de él mientras el ascensor subía, el sonido metálico contrastaba con el susurro de las hojas de bambú que ocultaban la terraza. Abrieron las puertas correderas y contemplaron el horizonte: farolillos de cuerda, sillones bajos, una mesa larga con manteles blancos y una nevera portátil llena de botellas enfriándose. —Antes de que lleguen, tenemos que hablar —dijo María sin soltar la mano de Pablo—. Quiero que sepamos que si algo nos incomoda, paramos. Ni preguntas, ni explicaciones. —Estoy de acuerdo —contestó él—. Nada de celos ni comparaciones. Lo hablamos, lo hacemos y luego lo contamos en la cama, solos. Se sentaron en los cojines. María extrajo de su bolso un papel pequeño,Solo Relatos EroticosEl encuentro de las cuatro copas en la azotea | Solo Relatos EroticosUna pareja reserva un ático vacío para intercambiar con otra, pero antes se sienta a definir juntos cada límite y deseo que los llevará más allá de lo pla…
